Un sábado de 1996 y después de una cena familiar en Metrocentro, entré a la tienda Kismet, dedicada a la música, ubicada en el centro comercial.
Revisando entre los discos de rock, encontré un álbum con una portada extraña, pero con un nombre reconocible para mí. Voltear el disco me confirmó lo que yo había descubierto: la imagen de un humano sencillo, que volvía después de su tarea grupal, para aventurarse con un nuevo trabajo individual.
El álbum era Broken China (1996) y su autor Richard Wright, que sin más vueltas fue el tecladista de Pink Floyd, quien desde su presencia casi invisible, por personalidad propia, realizó un inmensurable aporte, creando atmósferas sonoras únicas y características, reconocibles en la inmersión en la música de la banda británica.
Y como hago con todo lo que no deja lugar a duda, tomé el disco de su lugar en el estante y lo compré, para como siempre, buscar el momento adecuado, sin apuros, para quitar el celofán protector y escucharlo en total tranquilidad, mientras indago en el arte del folleto lo que las letras van diciendo, generalmente en una madrugada de sábado, tradición que inicié la primera vez que escuché The Piper at the Gates of Dawn (1967), antes de alistarme para ir a la práctica de Laboratorio de ese día en la Universidad.
Era la época en que la única manera que había para darse cuenta de la salida de un álbum era ir a una tienda de discos y buscar en los mostradores, lo que estuviera en la sección de novedades.
Y así llegué a este álbum, sin anuncios ni despliegues publicitarios, inesperado como el mismo autor, por lo que encontrarlo ya era una alegre casualidad.
Grabado después del álbum y gira promocional de The Division Bell (1994), que derivaría en el trabajo en directo P.U.L.S.E. (1995) de Pink Floyd, con Richard Wright habiendo retomado su lugar en la banda, después de un proceso largo de recuperación de su autoconfianza y capacidades, tal como lo describió en Wearing the Inside Out, ahora inspirándose en el severo padecimiento depresivo de su esposa, la tercera, Mildred Hobbs, con quien se había casado en 1995.
La portada del álbum, obra del legendario colaborador Storm Thorgerson y del artista gráfico Peter Curzon, quien trabajó en el arte de The Division Bell, muestra a una mujer lanzándose al agua, con la parte sumergida quebrándose como una figura de porcelana, tal como se llama el álbum (Broken China o Porcelana Rota), directa referencia al proceso de su esposa. La contraportada del folleto muestra la imagen de la mujer saliendo del agua y recuperando su integridad.
En las letras, así como en programación y arreglos, se hizo acompañar por el músico experimental, compositor y productor Anthony Moore, colaborador lírico de Learning to Fly, The Dogs of War y de la esperanzadora On the Turning Away, de A Momentary Lapse of Reason (1987), así como autor de la letra del mencionado Wearing the Inside Out, de The Division Bell (1994), de Pink Floyd.
El álbum cuenta con músicos de amplia trayectoria en apoyo de reconocidos artistas y bandas: en guitarra participan Dominic Miller, Steve Bolton y Tim Renwick, este con trayectoria floydiana desde la gira de 1987, Pino Palladino en el bajo y de Manu Katche en batería; en cello Sian Bell y Kate St. John en oboe. Dos temas fueron cantados por Sinead O´Connor, de quien me referiré después.
El álbum, dividido en 4 partes de 4 temas cada una, es un recorrido por las distintas etapas de la depresión y como ésta define cada momento de la vida de quien la padece, con el relato de quien acompaña desde fuera, pero que conoce lo que es estar ahí, hasta llegar al inicio de la liberación de este padecimiento.
Destaco de este este álbum varias cosas, primero el hecho de ser un trabajo nuevo, fresco e inesperado, cuando Pink Floyd había puesto un alto, nuevamente, a su producción, después de dos álbumes de estudio y dos extensas giras con sus respectivos registros en vivo.
Segundo, el sonido definitivamente floydiano que tiene el álbum, por los temas donde Richard nos lleva a nuevos paisajes sonoros, enriquecidos por el destacado trabajo alterno de Tim Renwick y Dominic Miller, además de la base provista por Manu Katche y Pino Palladino. Es para mi humilde criterio, el trabajo más floydiano hecho por alguno de los integrantes de la banda, y es el que más aprecio entre toda esa lista de producciones.
Tercero, el aporte de Sinead O’Connor, quien interpreta dos temas desde la perspectiva de quien padece la enfermedad: Reaching for the Rail (Alcanzando el carril/agarradero) y Breakthrough (Avance o Descubrimiento).
En el primero de los dos temas cantados por Sinead, se aborda el sentir permanente de no ver una salida, con versos como “Ï’ll sleep through the day til the daylight ends”…”The same taste to everything…that still remains”.
En el segundo tema, con el que el álbum finaliza, se expresa el sentimiento de la persona que ha llegado al punto en que ha comenzado a salir de su condición, que es un sentimiento diferente al que tiene la persona que acompaña, como se expresa en el tema anterior, Along the Shoreline (A lo largo de la orilla), con versos como: “With darkness gone, like a distant road / We travelled it all night until the morning rose”, llegando a “You feel her warmth, feel it like solar rays / See how the kindle fire, illuminate her face”.
Sin embargo, el tema final, si bien no quita esperanza, es cauto al decir: “They´re never going to make it easy / Of this you can be sure”, terminando con alivio por un sentido de recuperación: “You feel untied, beatified / And loved for evermore”.
David Gilmour participó en Breakthrough, pero su parte no se utilizó en el álbum, sin embargo, el tema fue incluido en el DVD de David Gilmour in Concert (2002) en el Royal Festival Hall, y fue interpretado por Richard Wright como invitado.
Si bien mi deseo era escribir sobre la producción de Richard Wright, lo pospuse desde su cumpleaños en julio, después en la fecha en que se conmemora su fallecimiento en septiembre o la salida de su primer álbum en ese mismo mes, pero esta vez no quise dejar pasar la fecha, que coincide con mi cumpleaños. Siempre faltará un homenaje para Richard.
Y de aquí paso a mis notas personales.
En reciente visita a mi amigo Gerardo Gálvez, en Ciudad de Guatemala, él me mostró su copia de Broken China y me preguntó si lo tenía y le contesté que sí, y luego me mostró otra pieza: un sampler, o disco promocional de este álbum, que consta de cuatro temas, uno por cada parte, ante lo cual mostré mi gran asombro, ya que nunca lo había visto, aunque sabía que existía, así como las versiones en cassette. Acto seguido de ver mi asombro, Gerardo me lo regaló, aumentando aún mi asombro! Así que se los mostraré con mucha alegría (imagen pendiente).
Otra nota personal: La temática del álbum es de mi particular vivencia, dado que mis dos últimos cumpleaños los pasé en una condición anímica muy baja por no decir malísima, situación que comencé a superar a final del año pasado (2025).
Por esta razón y por lo demás expuesto, considero tan especial a este álbum, por haber vivido lo que en él se expresa, junto a la emoción de una música tan querida para mí, hecha por un héroe personal musical que padeció al no querer ser protagonista y tener que sufrir rechazo en un momento, para después ser rescatado por quienes lo apreciaban como amigo y supieron traerlo de nuevo a la actividad musical. Como dije antes, hace falta siempre un homenaje a Richard Wright.
Por el momento, celebro este día el 30 Aniversario de Broken China.
Lamentablemente, Sinead O’Connor falleció el 26 de julio de 2023, con dictamen médico atribuido a causas naturales, después de muchos años de carrera musical, entrelazada con conflictos personales y de diversa índole, así como batallas con su salud mental.
Por último, quiero mencionar que el 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, con el propósito de crear conciencia y mejorar la comprensión de los problemas de salud mental, y movilizar esfuerzos para su prevención y tratamiento.
Finalizo con la dedicatoria del álbum: “To all those brave enough to face their past”.



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